La vida Pirata

Musgo

 

El barco pirata navega de lunes a jueves en un horario de 10:00 a 15:00h, con una actividad complementaria de bosque-escuela los viernes de 10:00 a 14:00h. Las criaturas más pequeñas (2-4 años) tienen un horario más reducido (de 10:00-13:30h) adaptándonos a las necesidades evolutivas características de la etapa.
Revisamos de manera colectiva el horario en función de las necesidades del grupo (familias/acompañantes/peques). En ese tiempo hay una actividad constante que surge del impulso individual diverso, y de la libertad para que cada persona pueda decidir cómo, con quién y dónde desarrollar su actividad. Esto hace necesario que expresemos nuestros deseos, consensuemos y lleguemos a acuerdos, para que se haga viable la organización y la armonía en el grupo. De forma espontánea hemos ido estableciendo un ritmo común, en el que ciertas cosas nos sitúan y orientan temporalmente. Permitiéndonos anticipar lo que va a ocurrir podemos sentir mayor estabilidad para actuar con libertad y seguridad, dentro de un ambiente compartido.

La llegada al espacio se produce entre las 10:00-10:15h de la mañana, siendo importante la puntualidad para acceder a las primeras reuniones de la mañana. Este horario es flexible en el caso de las peques de piratis (2-4 años). Cada niño o niña suele llegar acompañado de algún familiar o figura de referencia que podrá permanecer en el espacio durante el tiempo acordado, atendiendo a los procesos de adaptación o a situaciones especiales. El jardín Pirata prioriza y protege la actividad infantil por lo que a partir de cierta hora (12:00h) y hasta el final de la mañana las únicas personas adultas que permanecen lo hacen en el papel de acompañantes de juego y aprendizaje.
Procuramos que a las 10:15h ya esté el grupo completo y preparado para afrontar el día con autonomía, para que el ambiente se estabilice y todo el mundo pueda conectar con las vivencias que acontecen sin verse perturbado. Alrededor de las 11h se propone preparar y tomar el almuerzo. Nos encontramos alrededor de frutas frescas, untables, frutos secos, cereales, … escogidos con mimo y que nos llenan de energía. Algunos de estos alimentos permanecen toda la mañana disponibles para que cualquiera pueda nutrirse autorreguladamente. Entre el almuerzo y la comida van surgiendo las actividades, ya sean espontáneas o planificadas, de cada uno de forma libre y espontánea. En un ambiente seguro y conocido resulta fácil conectar con las apetencias propias, ir en busca de los materiales necesarios y de la compañía deseada. Así nos vamos situando en los diferentes espacios que ofrece el Jardín, ya sea de forma individual o en grupo, contemplándose desde fuera una estampa de trabajo, concentración, juego y fluidez.

El Jardín Pirata es un espacio que nos pertenece tanto a las adultas como a los niños y niñas que participamos en él, por eso todos los espacios y materiales que aquí se encuentran están disponibles y accesibles para todas con el compromiso de hacernos responsables de su cuidado. Se favorece un desplazamiento autónomo y libre por los diferentes espacios, que procuramos que sean lo más ricos y versátiles posibles. Cada uno de los materiales que podemos encontrar en los distintos ambientes tiene una razón de ser. Son cuidadosamente escogidos por las acompañantes para proporcionar oportunidades de aprendizaje saludables acordes con su desarrollo y responder a las inquietudes propias de la naturaleza del grupo. Se encuentran dispuestos, en las diferentes salas, de forma sugerente con un orden claro y sencillo, facilitando su acceso, manejo y recogida. Están compuestos preferentemente por materias naturales que producen un contacto placentero, diverso en sensaciones y saludable. Cada sala ha ido cobrando identidad propia en función del uso que hacemos de ellas, las posibilidades que nos ofrecen y recursos a nuestro alcance. Así, disponemos de un lugar preparado para dar rienda suelta a nuestra creatividad plástica y expresión artística. Aquí encontramos distintos tipos de pinturas, superficies, masas, utensilios para modelar, moldes, sellos, hilos y lanas, utensilios para tejer, telas, etc. Una zona de carpintería, en la que construir, crear, pegar, martillear, serrar, inventando todo tipo de cachivaches. Hay también un espacio de biblioteca y juegos de mesa, un lugar tranquilo para escuchar e imaginar historias, leer, ver libros, y echar unas partidas. Allí se da la chiquiasamblea regularmente con un gran valor relacional y funcional para el grupo. Nos encontramos en ella para conversar, escuchar noticias y tomar decisiones importantes. El ambiente asambleario cada vez se refleja más en la organización diaria del Jardín Pirata. En los espacios donde se desarrolla el juego simbólico y de movimiento podemos explayarnos convirtiéndonos en distintos personajes, jugando a ser, jugando a crecer, poniendo en juego nuestros deseos, nuestros miedos, resolviendo conflictos internos o vivencias difíciles. Jugar lleva implícito moverse, expresar y sentir con todo nuestro cuerpo, saltar, hacer cabriolas, buscar el control de nuestros movimientos cada vez más precisos y seguros, acordes con el autoconocimiento de nuestro cuerpo y nuestras capacidades. El juego simbólico también necesita proyectarse a través de los objetos en los que simbolizar nuestras fantasías, como extensión de nosotros mismos. Construir (nos), destruir(nos), experimentar con el espacio, la lógica de las piezas que encajan, habilidades que se hacen poco a poco más precisas. Una primera aproximación sensorial y espontánea al sistema decimal y a los símbolos de nuestra lengua. Nuestro entorno está repleto de objetos, cada uno con sus características y atributos. Vivir y actuar de forma directa sobre ellos requiere en muchísimas ocasiones el poner en funcionamiento y perfeccionar nuestra capacidad lógica y matemática: clasificar, agrupar, sumar, restar, partir, repartir, … Además, aprovechamos cualquier oportunidad para observar e investigar el funcionamiento de la lengua escrita: el calendario de las comidas, las etiquetas que indican dónde se guardan los materiales, los folletos que caen en nuestras manos, los cuentos, letras, letras y más letras que nos rodean y sabemos que tienen cosas que decir. Cuando el proceso evoluciona hacia una etapa más operativa, se amplían nuestros horizontes de aprendizaje. La habilidad humana para utilizar instrumentos como la lectura, el cálculo, la escritura y la observación científica, nos permiten aventurarnos hacia un mayor conocimiento del mundo. Existen rutinas, espacios y materiales que nos ayudan a estructurar de forma autónoma la tarea de aprender, manipular, investigar y profundizar. Siempre que el tiempo acompaña el juego se vive también en el exterior. Resulta imprescindible tener acceso a un lugar seguro al aire libre, en el que entrar en contacto con los recursos y ritmos del entorno natural, así como de los instrumentos dispuestos para su aprovechamiento. Jugar a las cocinitas, llenar recipientes de agua hasta que no quepa ni una gota, los experimentos con barro y arena, observar otros procesos de vida (animales, plantas, …), poner nuestro cuerpo en situaciones de riesgo controlado; lanzándonos por la tirolina, trepando árboles, resbalando por los toboganes, haciendo piruetas en el trapecio o colgándonos de cuerdas aptas, haciendo equilibrios en la cincha… son excelentes oportunidades para vivenciar distintas experiencias de aprendizaje.

Cuando empieza a picar el gusanillo, alrededor de la 13.15h, se escuchan los cascabeles que anuncian otro momento de encuentro; el primer aviso de comida (se hace un segundo aviso de comida sobre las 13:45h). Antes de disponernos a comer cada unx se ocupa de su higiene personal y entramos de manera ordenada al comedor. Cada niño o niña se sirve la cantidad que considera que va a comer, conectando con sus necesidades básicas y haciéndose consciente de esa relación con el alimento. Se favorece la capacidad de cada uno para decidir qué cantidad de alimento necesita, para comer de forma autónoma, para asumir responsabilidades adecuadas a su edad y participar en la preparación, la recogida y la limpieza posterior. El momento de la comida se recibe con la tranquilidad de sabernos respetadas en cuanto a qué y cuánto queremos comer. Cada día lo que comemos viene preparado de casa de algún pirata y la diversidad de sabores y costumbres gastronómicas hacen de cada día una sorpresa estimulante. Al igual que resulta gratificante ser el encargado de nutrirnos a todos, a pesar de las exigencias de los comensales. Según cada peque va terminando de comer se encarga de la recogida y limpieza de la vajilla que ha utilizado. Después tiene un tiempo de juego libre, para aprovechar el tiempo que queda para terminar juegos pendientes o iniciar otros que no han podido darse durante la jornada.

Una llamada de unos cascabeles anuncia que toca limpieza de los espacios. Nos organizamos en grupos en los que repartimos tareas concretas para dejar los espacios limpios y recogidos: limpiar el polvo, limpiar las mesas, colocar las sillas encima de las mesas para barrer, vaciar papeleras, fregar… Una vez finalizada la limpieza, la última llamada es para anunciar el cierre de los juegos y cada cual elige con qué actividad termina el día (cante-baile/historia/juegos colectivos).

A partir de las 15h empiezan a llegar las familias contando una vez más con un tiempo lo suficientemente amplio para hacer paulatino el final de la actividad y la despedida. En este momento vuelve a darse una comunicación entre familiares y acompañantes que facilita la transición del mar a tierra.