La vida Pirata

MusgoEl barco pirata navega de lunes a viernes en un horario de mañana acordado anualmente en función de las necesidades del grupo (familias, acompañantes y niños). En ese tiempo hay una actividad constante que surge del impulso individual diverso, y de la libertad para que cada uno pueda decidir cómo, con quién y dónde desarrollar su actividad. Esto hace necesario que expresemos nuestros deseos, consensuemos y lleguemos a acuerdos, para que se haga viable la organización y la armonía en el grupo.

De forma espontánea hemos ido estableciendo un ritmo común, en el que ciertas cosas nos sitúan y orientan temporalmente. Permitiéndonos anticipar lo que va a ocurrir, podemos sentir mayor estabilidad para actuar con libertad y seguridad, dentro de un ambiente compartido.

La llegada se produce de forma flexible a partir de la hora de apertura. Cada niño o niña suele llegar acompañado de algún familiar o figura de referencia que podrá permanecer en el espacio durante el tiempo acordado, atendiendo procesos de adaptación o situaciones especiales. El jardín Pirata prioriza y protege la actividad infantil por lo que a partir de cierta hora y hasta el final de la mañana los únicos adultos que permanecen lo hacen en el papel de acompañantes de juego y aprendizaje.

Procuramos que antes de las 11 ya esté el grupo completo y preparado para afrontar el día con autonomía, para que el ambiente se estabilice y todo el mundo pueda conectar con las vivencias que acontecen sin verse perturbado. Alrededor de este momento se propone preparar y tomar el almuerzo.  Nos encontramos alrededor de frutas frescas, lácteos, frutos secos, cereales, … escogidos con mimo y que nos llenan de energía. Algunos de estos alimentos permanecen toda la mañana disponibles para que cualquiera pueda nutrirse autorreguladamente.

Entre el almuerzo y la comida van surgiendo las actividades de cada uno de forma libre y espontánea. En un ambiente seguro y conocido resulta fácil conectar con las apetencias propias, ir en busca de los materiales necesarios y de la compañía deseada. Así nos vamos situando en los diferentes espacios que ofrece el Jardín, ya sea de forma individual o en grupo, contemplándose desde fuera una maravillosa estampa de trabajo, concentración, juego y fluidez.

El Jardín es un espacio que nos pertenece tanto a las adultas como a los niños y niñas que participamos en el. Por eso todos los espacios y materiales que aquí se encuentran están disponibles y accesibles para todas. Se favorece un desplazamiento autónomo y libre por los diferentes espacios, que procuramos que sean lo más ricos y versátiles posibles.

Cada uno de los materiales que podemos encontrar en los distintos ambientes tiene una razón de ser. Son cuidadosamente escogidos por las acompañantes para proporcionar oportunidades de aprendizaje saludables acordes con su desarrollo y responder a las inquietudes propias de la naturaleza del grupo. Se encuentran dispuestos, en las diferentes salas, de forma sugerente con un orden claro y  sencillo, facilitando su acceso, manejo y recogida. Y compuestos preferentemente por materias naturales que producen un contacto  placentero, diverso en sensaciones y saludable.

Cada sala ha ido cobrando identidad propia en función del uso que hacemos de ellas, las posibilidades que nos ofrecen y recursos a nuestro alcance.

Así, disponemos de un lugar preparado para dar rienda suelta a nuestra creatividad plástica y expresión artística. En el taller encontramos distintos tipos de pinturas, superficies, pastas moldeables, utensilios para modelar, moldes, pegatinas, sellos, etc. Una mesa de carpintería, zona de música y movimiento y diversas técnicas artesanales, …

Hay también un espacio de descanso, un lugar tranquilo para escuchar e imaginar historias, leer y ver libros, refugiarnos y buscar la intimidad. Allí se dá la chiquiasamblea regularmente con un gran valor relacional y funcional para el grupo. Nos encontramos en ella para conversar, escuchar noticias y tomar decisiones  importantes. El ambiente asambleario cada vez se refleja más en la organización diaria del Jardín. Nuestras reuniones, por el momento evolutivo del grupo, son poco frecuentes pero muy significativas acudimos todas con mucho interés y en ellas hemos tomado algunos acuerdos de convivencia.

En “la casita en movimiento” podemos explayarnos conviertiéndonos en distintos personajes, jugando a ser, jugando a crecer, poniendo en juego nuestros deseos, nuestros miedos, resolviendo conflictos internos o vivencias difíciles. Jugar lleva implícito moverse, expresar y sentir con todos nuestro cuerpo, saltar, hacer cabriolas, buscar el control de nuestros movimientos cada vez más precisos y seguros, acordes con el conocimientos de nosotras mismas y de nuestras capacidades.

La etapa preoperativa requiere de un lugar donde el juego simbólico se proyecte a través de los objetos en los que simbolizar nuestras fantasías, como extensión de nosotros mismos. Construir (nos), destruir(nos), experimentar con el espacio, la lógica de las piezas que encajan, habilidades que se hacen poco a poco más precisas. Una primera aproximación sensorial y espontánea al sistema decimal y a los símbolos de nuestra lengua.

Cuando el proceso evoluciona hacia una etapa más operativa, se amplían nuestros horizontes de aprendizaje. La habilidad humana para utilizar instrumentos como la lectura, el cálculo, la escritura y la observación científica, nos permiten aventurarnos hacia un mayor conocimiento del mundo. Existe también un espacio en el que encontrar los materiales que nos ayuden a estructurar de forma autónoma la tarea de aprender, manipulando, investigando, profundizando, …

Cuando el tiempo acompaña el juego se vive también en el exterior. Resulta imprescindible tener acceso a un lugar seguro al aire libre, en el que entrar en contacto con los recursos y ritmos del entorno natural, así como de los instrumentos dispuestos para su aprovechamiento. Jugar a las cocinitas, llenar recipientes de agua hasta que no quepa ni una gota, los experimentos con barro y arena, observar otros procesos de vida (animales, plantas, …), poner nuestro cuerpo en situaciones de riesgo controlado, son  excelentes oportunidades para vivenciar distintas experiencias de aprendizaje.

Nuestro entorno está repleto de objetos, cada uno con sus características y atributos. Vivir y actuar de forma directa sobre ellos requiere en muchísimas ocasiones de poner en funcionamiento y perfeccionar nuestra capacidad lógica y matemática: clasificar, agrupar, sumar, restar, partir, repartir, …  Además, aprovechamos cualquier oportunidad para observar e investigar el funcionamiento de la lengua escrita: el calendario de las comidas, las etiquetas que indican dónde se guardan los materiales, los folletos que caen en nuestras manos, los cuentos, letras, letras y más letras que nos rodean y sabemos que tienen cosas que decir.

Cuando empieza a picar el gusanillo, alrededor de la 13.30,  se escuchan los cascabeles que anuncian otro momento de encuentro.  Antes de disponernos a comer podemos compartir un circulo de cante, baile o relajación que nos ayuda a dispo en el que se respeta y se favorece la capacidad de cada uno para decidir qué cantidad de alimento necesita, para comer de forma autónoma, para asumir responsabilidades adecuadas a su edad y participar en la preparación, la recogida y la limpieza posterior. El momento de la comida se recibe con la tranquilidad de sabernos respetadas en cuanto a  qué y cuánto queremos comer. Cada día lo que comemos viene preparado de casa de algún pirata y la diversidad de sabores y costumbres gastronómicas hacen de cada día una sorpresa estimulante. Al igual que resulta gratificante ser el encargado de nutrirnos a todos, a pesar de las exigencias de los comensales.

Antes de que lleguen las familias la tendencia es a aprovechar el tiempo que queda para cerrar juegos pendientes o iniciar otros que no han podido darse durante la jornada.

A partir de las 15.00 empiezan a llegar las familias, contando una vez más con un tiempo lo suficientemente amplio para hacer paulatino el final de la actividad y la despedida. En este momento vuelve a darse una comunicación entre familiares y acompañantes que facilita la transición del mar a tierra.