El Contexto

Miramos los espacios educativos a los que estamos acostumbrados, y vemos que no se adecuan a los cambios que está viviendo nuestra sociedad. Pensamos que se trata de una escuela obsoleta y desfasada, que trata de modernizarse pero incapaz de desprenderse de anticuados planteamientos que se lo impiden: espacios y tiempos rígidos; agrupaciones masivas y homogéneas; calificaciones excluyentes y etiquetantes; valor del esfuerzo como sacrificio; importancia de lo mental frente a lo físico, experimental y emocional; …
Nos parece que esta no es una escuela para la vida, sino una escuela al servicio de los poderes públicos o religiosos.
Aunque esta realidad se la cuestiona cada vez más gente, parece que aún no es fácil encontrar una alternativa que se ajuste más a nuestro ideal de vida. Sin embargo, desde que se institucionalizó la escuela han ido surgiendo movimientos que plantean distintas opciones relativas al aprendizaje y la convivencia entre la gente grande y la pequeña.
Y hoy en día, muchas familias están eligiendo experiencias en las que se respeta el libre desarrollo del ser humano en armonía con su entorno natural y social; el impulso innato de conocer, investigar y explorar el mundo; la capacidad de decidir, pensar y organizarse por si mismo y con otros. Se favorecen espacios donde el ritmo o la manera de aprender de cada uno son respetados y cuidados, no sentenciados como fracasos irremediables. Se fomenta la creación de nuevas redes de organización más solidarias y menos competitivas.
A lo largo de la historia de la educación y la psicología se han desarrollado diferentes concepciones de la infancia y de la educación: aquellas destinadas a formar futuros operarios de fábrica mecánicos y sumisos; las centradas en la disciplina y la superioridad adulta; las cunductistas convencidas de modelar y reforzar desde el exterior; y afortunadamente también han surgido voces respetuosas que confiaban en la construcción y autorregulación de los propios aprendizajes. Partiendo de autores más clásicos como Pestalozzi, Froebel, Montessori o Freinet; pasando por las innovaciones que aportaron movimientos como la Ecuela Moderna de Ferrer y Guardia, la Institución Libre de Enseñanza (Giner de los Rios) o la pedagogía no directiva de C. Rogers; así como en los proyectos más contemporáneos como Sumerhill (Inglaterra), Sudbury Valley School (EEUU), El Pesta (Ecuador), Paideia o El Roure (España), etc. En la actualidad son numerosas las experiencias y redes de contacto tanto nacionales como internacionales que están funcionando en el ámbito de la educación democrática o vivencial.
Por todo esto, y considerándonos personas sensibilizadas, nos resistimos a conformarnos y apostamos por un espacio alternativo cuya supervivencia depende del impulso y trabajo propio, asumiendo que recibir apoyo institucional resulta bastante complicado.
Nuestro espacio busca una experiencia educativa:
– No directiva ni invasora, respetando la actividad libre de todos los que
disfrutamos de el.
– Activa, en la que cada individuo se convierte en el protagonista de sus
aprendizajes.
– Globalizadora, atendiendo a todas las facetas del desarrollo y ofreciendo
vivencias lo más completas posibles.
– Basada en el enfoque constructivista y autorregulador del aprendizaje, que es el que parte de los conocimientos y experiencias previas, y fomenta la experimentación y el descubrimiento.
Individualizada, centrada en los intereses, necesidades y capacidades de cada uno.
– Socializadora, teniendo en cuenta la importancia del entorno para el desarrollo de las habilidades sociales, y sin olvidarse del aprendizaje diagonal que se establece entre las niñas y niños de distintas edades.
– Afectiva, favoreciendo el equilibrio emocional de todos los miembros de la comunidad de aprendizaje.
– Lúdica, ya que el juego es el centro de cualquier actividad y el motor de los aprendizajes.
– Creativa, canalizando la capacidad expresiva a través de recursos variados y reconociendo todas las creaciones.
– Cooperativa-participativa, creando espacios de diálogo en los que cada miembro aporte sus puntos de vista y asuma responsabilidades en función de sus posibilidades.
– Integradora de las diversas culturas, religiones, necesidades educativas, etc.
– Respetuosa con los distintos ritmos y necesidades, donde la convivencia implique una escucha activa y aprender a establecer límites no autoritarios ni violentos, desde la empatía.