Aprendizaje Natural

Puesto que creemos y confiamos en la capacidad innata del ser humano para buscar y construir por sí mismo aquellos aprendizajes que necesitará para la vida, nos parece imprescindible comenzar definiendo los dos términos que de alguna manera distinguen un ambiente infantil vivencial de uno escolar: educación y aprendizaje.
Entendemos por EDUCACIÓN un acto unidireccional, en el que son necesarios un enseñante y un alumno: siendo el enseñante el depositario del conocimiento y el encargado de su transmisión, así como de establecer los ritmos, herramientas y estrategias a utilizar; y siendo el alumno el receptor de la información y asimilándola desde el exterior. Es por tanto un proceso disciplinar que va de fuera a dentro.
Del otro lado, entendemos por APRENDIZAJE un acto multidireccional, que surge cuando el momento evolutivo y la motivación interna del individuo lo impulsan a buscar y asimilar el nuevo conocimiento o destreza, según el ritmo y las estrategias que cada cual requiera. Es por tanto un proceso natural que parte del interior y encuentra en el exterior lo necesario para satisfacer su necesidad o curiosidad.
Es evidente que el objetivo de la educación es el aprendizaje, pero nos parece un objetivo algo artificial, pues por mucho que la educación lo pretenda entendemos que el verdadero y profundo aprendizaje llega cuando el individuo se siente capaz, interesado y en la necesidad auténtica aprender. Esperar paciente y respetuosamente a que esto suceda convierte cada logro en un auténtico placer y regocijo.
Como diversos psicólogos han estudiado, el individuo atraviesa por una serie de etapas a lo largo de su vida que le van situando en distintas maneras de relacionarse con el mundo y de utilizar la información que extrae de su interacción para ir construyendo el conocimiento. Estos son orientativos, pero suele ser imprescindible dar pasos previos que nos permitan alcanzar nuevos logros. Sin embargo, cada criatura es un ser único con un ritmo propio de aprendizaje, por eso respetamos estos pulsos dejando que se dé un
proceso libre y natural.
Nos parece, por tanto, que lo natural es que a lo largo del proceso de vida de cada individuo se vayan realizando espontáneamente los aprendizajes necesarios para comprender y relacionarse con el mundo social y físico que le rodea.
En cualquier situación y contexto todo ser humano construye aprendizajes de forma natural a partir de sus experiencias: los bebés aprenden a caminar, a comunicarse, o a llevarse la cuchara a la boca; algo más tarde somos capaces de hablar al menos una lengua, de distinguir un gran número de categorías de objetos y seres vivos, de entonar una melodía musical, …; y en función de lo que vivamos desarrollamos unas estrategias u otras en la relación con los demás (complacencia, autodefensa, agresividad, inseguridad, empatía, respeto, …)
Diversas experiencias pedagógicas defensoras del aprendizaje natural han demostrado que, si se conjugan una serie de aspectos, este puede ser el vehículo con el que alcanzar cualquier conocimiento de una forma placentera, consecuente …. Incluidos los llamados aprendizajes instrumentales (lectoescritua y cálculo).
La primera condición que ha de darse es que exista una motivación interna en el individuo, que el impulso que lo mueva a alcanzar una
nueva meta nazca de sí mismo.
Una de las grandes preocupaciones que tiene un maestro es la de cómo motivar a todos sus alumnos hacia un mismo aprendizaje mientras que cada uno posee sus propios impulsos diferentes entre sí. Si aprovechamos la fuerza de esa motivación intrínseca lo que puede parecer un obstáculo se transforma en un gran facilitador. Y lo mejor es que, como todo ser vivo, todos nacemos con este impulso por crecer y aprender.
Esta motivación puede tener un origen diverso. Ya sea un interés, curiosidad o inclinación personal hacia una determinada temática (los animales, el arte), la necesidad de alcanzar otro objetivo (caminar para desplazarse, aprender a leer para comprender un texto, aprender otro idioma para viajar, …), un estímulo externo (un objeto atractivo, la compañía de un buen amigo, descubrir por azar un bichito interesante, …), o la simple pero imprescindible satisfacción de sentir que somos capaces de crecer.
Esta motivación ha de encontrar un ambiente adecuado que ofrezca las condiciones necesarias para satisfacer el nuevo aprendizaje: seguridad, fuentes de información y experimentación diversas, instrumentos y herramientas, y acompañamiento.
Este último ha de ser un acompañamiento atento a las necesidades y características de cada individuo, respetuoso con sus ritmos e intereses, confiando sin prisas ni expectativas, acogiendo y sosteniendo emocionalmente …
El juego es la principal fuente de aprendizaje en la infancia, todo niño sano debe ser un verdadero e incansable experto en jugar. Hasta el punto de diversificar y perfeccionar distintos tipos de juego en función de la etapa evolutiva en la que se encuentre y de lo que necesite ejercitar o aprender: juegos de ejercicio, de construcción, de transformación o de reglas; en solitario o asociativo, como observador o en paralelo. Diversos autores como PIAGET, FREUD, y WALLON consideraron el juego como pieza fundamental del desarrollo infantil, ya que guarda conexiones sistemáticas con lo que no es juego, es decir, con el desarrollo del ser humano en otros planos en los que intervienen aspectos cognoscitivos y afectivos. Todos ellos concluyeron que el juego es una necesidad vital
e indispensable, porque el infante necesita acción, manejar objetos y relacionarse. Es su actividad más espontánea, hasta el punto de que aseguran que está enfermo si no lo hace.
Existen estrechas relaciones entre el juego y el desarrollo psicomotor, social, emocional y cognitivo (pensamiento abstracto, atención, memoria, lenguaje). Pero también hay una importante conexión entre el juego y la imaginación y creatividad. Para WINNICOTT el juego es la primera actividad creadora del niño, su primer medio de creación. VIGOTSKY sugirió que la imaginación nace en el juego y antes del juego no hay imaginación. Y, desde otra perspectiva, CHATEAU también observó la importancia del juego en el desarrollo de la imaginación destacando que “el juego contribuye a desarrollar el espíritu constructivo, la imaginación y la capacidad de sistematizar; además lleva al trabajo, sin el cual no habría ni ciencia, ni arte”.
Un buen aprendizaje también se sustenta en un grado adecuado de maduración física o cognitiva. Así, una criatura no debería empezar a caminar hasta que los huesos y músculos de sus piernas no estuvieran suficientemente desarrollados. Y en esto, ya hemos visto, que aunque se hayan distinguido una serie de estadios universales, cada persona los desarrolla según su propio proceso vital. Al igual que existen tendencias personales hacia unas u otras estrategias de aprendizaje: manipulativas, lingüísticas, visuales, auditivas, creativas, sociales …
Prevalece por lo general en la escuela, sobre todo en aquellas asignaturas que se consideran más importantes en el curriculo escolar, las técnicas lingüísticas y memorísticas de repetición y reproducción, dificultando con frecuencia el camino a aquellos alumnos cuyo aprendizaje requiere de otros medios. Según la teoría de inteligencias múltiples de Gardner, los estudiantes poseen diferentes mentalidades y por ello aprenden, memorizan, realizan y comprenden de maneras diferentes. Por tanto, tras un aprendizaje natural ha de haber una libre elección de técnicas, herramientas, actividades y estrategias a utilizar.
La relación con el objeto de aprendizaje (ya sea un conocimiento o habilidad) ha de ser lo más directa y vivencial posible, permitiendo el acercamiento y la experimentación personal tanto como fuera necesario. En este sentido, la investigación o manipulación directa del entorno nos parece mucho más enriquecedora que un libro de texto, una actividad gráfica o una clase exponencial.
Es un aprendizaje integral, que engloba los distintos aspectos de la vida, es orgánico y armónico frente a las separaciones forzosas entre contenidos que se imponen con las asignaturas. El fluir de la vida pone a nuestros organismos en continuo proceso de
aprendizaje. Un proceso interno que suele brotar hacia el exterior cuando se ha completado, y aunque en su acompañamiento podemos ver en los niños la progresión, nunca deja de sorprendernos que aparezca de forma tan completa, casi como por arte de magia pero fruto, en realidad, de un gran trabajo personal.
Las personas adultas que acompañamos la actividad infantil en el Jardín Pirata, hemos de atender los procesos globales que cada una de las criaturas está desarrollando de forma individual y grupal. Una figura adulta que no pierde su energía en proponer o motivar para llevar a cabo actividades dirigidas desde fuera, descubre una gran oportunidad para observar profundamente el comportamiento y función de los juegos espontáneos; lo que cada uno esta expresando o experimentando; el funcionamiento del grupo; la evolución natural de los aprendizajes; las herramientas o estrategias personales; el uso de los materiales; las carencias y necesidades del espacio; las relaciones. Permite estar disponible para una relación afectiva cercana y un acompañamiento consciente de los conflictos cuando es necesario.